El rey siempre pensó que iba a vivir más tiempo, pero el destino no le tenía reservada una larga vida. Había sido un buen gobernante, el pueblo le quería y las noticias de su grave enfermedad habían llenado el reino de tristeza. El rey sólo tenía una preocupación, se torturaba pensando cómo trasmitir a su hijo el secreto del buen gobernante.
Llamó a su hijo y le dijo: “Me queda poco de vida y pronto serás rey. Vete a ver a mi más fiel consejero para que te trasmita el secreto de buen gobernante.”
El joven, angustiado por el estado de salud de su padre y la responsabilidad que iba a adquirir, fue rápidamente a ver a Mahel, conocido en el reino por su sabiduría. “
Mahel, vengo por orden de mi padre para que me transmitas el secreto del buen gobernante.”
