La neurofisiología lo confirma: dar es recibir

¿Quién no ha escuchado esta frase, tan asociada a varios credos religiosos: “dar es recibir”?

El cristianismo predica que lo que damos a los necesitados es lo que nos llevamos con nosotros al más allá; cada uno de los ciento catorce capítulos del Corán musulmán comienza ensalzando a la compasión como cualidad suprema de Alá; el judaísmo enseña: “sé amable con los extraños porque una vez tú fuiste un extraño en la tierra de Egipto”, y el budismo, así mismo, considera que la compasión hacia el prójimo y hacia todo ser viviente es el camino hacia la paz y hacia la auténtica felicidad.

Pues bien, la ciencia moderna ha suministrado datos frescos que apuntan a confirmar este antiguo conocimiento. El desarrollo tecnológico aplicado a la observación del cerebro humano durante la última década nos permite ver en tiempo real lo que sucede a nivel sináptico y neuronal cuando brindamos nuestra ayuda a los demás, cuando somos generosos y altruistas. Es decir, cuando nos comportamos de manera generosa y altruista. Continuar leyendo

Flechas envenenadas

Atribuimos a las palabras el poder de herirnos, incluso años después de ser pronunciadas. Palabras que persiguen, que están al acecho, a la espera de la oportunidad que otorga el victimismo.

Podemos ver las palabras que nos resultan hirientes como flechas envenenadas. Alguien las lanza y nos duele pero ¿nos dan?, ¿dónde están las heridas? Un examen concienzudo de nuestro cuerpo concluirá que no tenemos herida alguna, no hay sangre, ni siquiera un rasguño o contusión. Entonces ¿por qué nos duele tanto y por tanto tiempo, incluso durante toda una vida?

La única explicación posible es que somos nosotros los que recogemos la flecha y nos la clavamos una vez tras otra: recordando el momento, juzgando cuán injustas fueron las palabras, haciendo más grande la herida, aumentando la ofrenda, indignándonos, culpabilizando al arquero de las heridas que no fue capaz de producirnos.
Solo hay una forma de quitar poder a esas palabras: tirar la flecha y renunciar a autolesionarnos.

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Efecto tribu. Departamentitis

Hay que tener en cuenta que el hombre, a diferencia de otras especies, se organiza en tribus, en grupos de personas con los que comparte algo, ya sea en el contexto profesional o personal. De hecho, pertenecemos a una tribu en cada ámbito de nuestras vidas.

Las tribus tienen una ventaja y suelen crear un problema. La ventaja es que nos sentimos conectados con los miembros de nuestra tribu, lo cual está muy bien. El inconveniente es que lo hacemos desde la confrontación con otras “tribus”, quizás para reafirmarnos, lo cual es muy perjudicial para nuestro bienestar y la cooperación.

Numerosos estudios avalan este hecho.

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Ver a la persona

Si tuviese que recomendar sólo un cambio para que sus relaciones mejoren, le diría que intente ver a la persona que hay detrás de cada personaje.

Descubrí el poder que tiene esta forma de actuar en un viaje a Katmandú. Durante el mismo, tuve la ocasión de acudir a un curso sobre filosofía budista para no budistas. En una de las charlas nuestro maestro disertó acerca de la generosidad.

Explicó; que los occidentales cuando viajamos por países pobres como Nepal y se nos acerca un mendigo, le damos dinero sin considerar a la persona, como una forma de quitárnoslo de encima. Así y todo, sentimos que hemos sido generosos. El mendigo nos ve como euros con patas, e intenta apelar a la pena para obtener recursos.

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Egoísmo inteligente

Con independencia del rol que tenga en la empresa, ya sea empresario, directivo, o contribuidor individual, quiero hacer una pregunta a la persona.

¿A usted, qué sentimientos le provoca el contexto empresarial el que está inmerso: altruistas o egoístas?

Si reconoce que son egoístas, no se preocupe, es normal. La base del sistema, el concepto de rentabilidad, -“quiero lo máximo para mí/nosotros”-, es la quintaesencia del egoísmo. No parece fácil que esto cambie a corto plazo y, desde luego, no es neutro. Además, ha demostrado ser más saludable que el otro sistema: “café para todos”.

Por otro lado, a nadie le gusta eso de ser o participar en actos supuestamente egoístas; nos gusta más proyectarnos como un ser altruista, al menos como aspiración.
Para todos aquellos que insisten en seguir leyendo este artículo, tengo una buena noticia. Postulo que el sentimiento altruista es rentable y, por tanto, deseable, en un sistema egoísta. Basaré mi argumentación en estas sencillas palabras de Dalai Lama “Sino podemos dejar de ser egoístas al menos seamos inteligentemente egoístas”.

Egoísmo inteligente es reconocer que lo que cada uno de nosotros desea o necesita proviene de los demás. Si lo pensamos bien, sucede en todos los ámbitos de nuestra existencia. Pero ya que estamos hablando desde un contexto empresarial, empezaremos por el dinero.

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De sospechosos a Fans

El mayor predictor de beneficios es la calidad de la relación con el cliente por su efecto sostenido en la cuota de cliente y las posibilidades de desarrollo de negocio que proporciona.

Se habla mucho de relación, ahora bien, ¿cómo materializar este concepto?, ¿cómo evaluar el nivel de relación que tenemos con un cliente? y ¿cómo concluir qué tenemos que hacer nosotros para mover la relación con el cliente hacia estadios más productivos?

Sospechosos a fans es un lenguaje útil  para la interpretación productiva de la relación con los clientes, que nos permita evolucionar  y alcanzar los objetivos de ingresos tanto en el corto como el largo plazo.

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La emoción se transmite por Bluetooth

Muchas veces nos preguntamos por qué nuestra comunicación no es efectiva, ¿por qué no “llega”?

De los tres dominios de comunicación sólo la emoción viene de fábrica y es capaz, por sí sola, de enviar o recibir potentes mensajes desde el momento en que nacemos. ¿O no siente el recién nacido las buenas emociones que le proporciona su madre? Por contra, el dominio del lenguaje  y el dominio del cuerpo son aprendidos en grupo.

Una teoría que cada vez adquiere más fuerza defiende que nuestro éxito como especie -el eslabón perdido entre el hombre y el mono- es el lenguaje, porque nos permite cooperar a niveles muy superiores a cualquier otra especie. Pensadores de todos los tiempos se han preguntado cómo es posible que todos los grupos de humanos, aún estando aislados, hayan desarrollado un lenguaje. La respuesta es que aquellos que no lo desarrollaron no consiguieron coordinarse  suficientemente. Su fuerza como especie incipiente fue menor y la  capacidad de adaptación a los distintos retos fue insuficiente; se extinguieron.

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No esperes relaciones fuera distintas de las que tienes dentro

Pedimos a los empleados, flexibilidad, comprensión, cooperación y una larga lista de actitudes  a la hora de interactuar  con los clientes. Pero ¿obtienen ellos ese mismo trato en la relación interna que el que les exigimos con los clientes?

¿Se puede ser muy cooperativo con los clientes y poco cooperativo dentro de la organización? En nuestra opinión es difícil que así suceda, ya que las relaciones exteriores son un reflejo de las relaciones que mantenemos dentro de la empresa.

En la mayoría de los casos, nuestros clientes nos piden un nivel de relación con sus clientes del que carecen dentro de la organización, nuestra propuesta pasa por centrase en esos aspectos de la relación interna como paso previa a exportarlos al exterior. Solo podemos exportar algo de lo que tenemos mucho.

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